Yoga en el Hinduismo: filosofía, práctica y propósito del yoga en India

El yoga es una práctica esencial dentro del hinduismo, y ya aparece descrita en los textos religiosos más antiguos. El yoga entendido como camino de perfección y liberación espiritual pasó así a otras tradiciones como la budista y posteriormente al mundo
Imagen
El yoga en el hinduismo: práctica, filosofía y propósito
Fátima Míguez Reig | Jue, 26 Mar 2026 - 12:57
Comentar: 0

Mucha gente cree que el yoga consiste en contorsionarse y respirar hondo. Error. En Occidente nos hemos quedado con la cáscara y hemos tirado el fruto. Lo que llegó a nuestros gimnasios es apenas un eco de un sistema filosófico indio que lleva milenios preguntándose quiénes somos y qué hacemos aquí. La palabra «yoga» significa «unión» en sánscrito: juntar el yo pequeño con algo mucho más grande, llámalo cosmos, divinidad o conciencia universal. La disciplina ha ido cambiando a lo largo del tiempo, eso es innegable, pero conserva un núcleo que permanece intacto pese a tantas adaptaciones culturales.

Los orígenes del yoga: del Valle del Indo a los darshanas

Todo apunta a que las primeras formas de yoga surgieron en el Valle del Indo hace unos cinco mil años, allá por el 3000 a.C. Arqueólogos han desenterrado sellos con figuras sentadas en posturas que recuerdan a las asanas actuales. ¿Prueba definitiva? Quizá no, pero sí un indicio tentador de prácticas contemplativas muy tempranas.

Esta tradición fue madurando dentro del pensamiento hindú hasta convertirse en uno de los seis sistemas ortodoxos (darshanas). El yoga mantuvo siempre un diálogo vivo con otras escuelas, sobre todo con el Samkhya, que le prestó gran parte de su vocabulario técnico y sus categorías metafísicas. ¿Y por qué surgió? Porque los seres humanos, hace milenios igual que ahora, necesitaban dar sentido a su existencia. Esas preguntas que nos desvelan siguen siendo las mismas.

Imagen
El yoga en el hinduismo: práctica, filosofía y propósito

Evidencias históricas: de los Vedas a las excavaciones

Los textos védicos, redactados entre el 1500 y el 500 a.C., ya hablan de estados contemplativos y trances rituales. Las Upanishads vinieron después —la Katha y la Svetasvatara se escribieron entre el 900 y el 500 a.C.— y en ellas las alusiones al yoga se vuelven directas, sin tantos rodeos.

Hay un texto que marca un antes y un después: la Bhagavad Gita, compuesta probablemente en el siglo III a.C. Ahí aparecen el Karma Yoga, el Jñana Yoga y el Bhakti Yoga como rutas distintas hacia un mismo destino. Por otro lado, las excavaciones de Mohenjo-daro han sacado a la luz figuras en posiciones que a muchos arqueólogos les parecen proto-yóguicas. ¿Casualidad? Difícil creerlo. Lo que estos hallazgos demuestran es que el yoga no brotó de golpe: fue cuajando poco a poco dentro del pensamiento religioso indio.

Shiva como Adi Yogi: mito y simbolismo

Para los hindúes, Shiva ocupa un lugar privilegiado en esta historia. Lo llaman Adi Yogi, el yogui primordial, porque según la tradición fue él quien inventó y transmitió estas enseñanzas. Los Puranas cuentan que instruyó a los Saptarishis —siete sabios legendarios— y estos llevaron el conocimiento a los cuatro puntos cardinales.

Las representaciones de Shiva como Dakshinamurti lo muestran meditando bajo una higuera de Bengala, enseñando en silencio. Cuando aparece como Nataraja, el Señor de la Danza, encarna ese equilibrio entre creación y destrucción que el practicante aspira a encontrar dentro de sí. Esta conexión tan estrecha entre Shiva y el yoga nos recuerda algo: aquí nadie habla de flexibilidad ni de abdominales, sino de comprender cómo funciona el universo y qué papel jugamos nosotros en él.

Imagen
Escultura de Shiva como el primer practicante de yoga en el hinduismo

La evolución: del ritual védico en el hinduismo al Hatha Yoga

El yoga ha cambiado de piel varias veces a lo largo de la historia. En la época védica estaba pegado al ritual: sacrificios, mantras, ofrendas al fuego. Luego las Upanishads le dieron un giro más introspectivo, alejándolo del altar para llevarlo hacia la meditación personal.

Patañjali, hacia el siglo II a.C., escribió sus famosos Sutras y con ello puso orden en un cuerpo de prácticas que andaba disperso. Mucho después, ya en la era tántrica (del 500 al 1300 d.C.), apareció el Hatha Yoga y su obsesión por las posturas y la respiración. El Hatha Yoga Pradipika, un manual del siglo XV, recopiló todo eso y lo puso negro sobre blanco. Y aquí viene lo llamativo: aunque los métodos cambiaron una barbaridad, la meta siguió siendo la misma. Quitarse de encima el sufrimiento. Despertar.

Fundamentos filosóficos fundamentales del yoga: más allá del cuerpo

Dentro del hinduismo existen seis escuelas filosóficas reconocidas como ortodoxas, los darshanas, y el yoga es una de ellas. Comparte con ellos nociones como dharma (el orden ético), karma (la ley de causas y efectos), samsara (el ciclo de muertes y renacimientos) y moksha (la liberación definitiva). Según esta visión, nuestra mente es un torbellino de pensamientos —los llaman vritti— y solo calmándolos podemos ver con claridad.

¿Para qué aquietarlas? Para distinguir nuestra verdadera naturaleza espiritual (purusha) de lo material (prakriti). El Samkhya, una escuela hermana, ya había planteado esta dualidad. El problema, dicen, es que confundimos lo que somos de verdad con lo pasajero y material. De ahí el sufrimiento. Y de ahí también el remedio: un trabajo sostenido de desapego y autoconocimiento que nos devuelva a nuestra condición originaria.

Imagen
El yoga en el hinduismo: práctica, filosofía y propósito

Los textos sagrados para los estudiosos del yoga

Quien quiera estudiar yoga en serio tiene tarea para rato: la bibliografía es enorme y abarca siglos. El Rigveda ya menciona trances y estados alterados. Las Upanishads hablan de recoger los sentidos como una tortuga esconde sus patas. La Bhagavad Gita explica tres vías paralelas: actuar sin buscar recompensa (Karma), amar a lo divino con devoción (Bhakti) y conocer la realidad última mediante el discernimiento (Jñana).

Con los 196 aforismos de sus Yoga Sutras, Patañjali dio forma al Raja Yoga. Es un texto árido, nada fácil, pero los estudiosos siguen desmenuzándolo hoy igual que hace siglos. Luego llegaron los tratados de Hatha Yoga —el Pradipika, la Gheranda Samhita, la Shiva Samhita— con instrucciones minuciosas sobre cómo colocar el cuerpo, cómo retener el aire, cómo limpiar los conductos internos. El Yoga Vasistha, por su parte, aborda la cuestión desde el Advaita Vedanta. Tanta riqueza documental nos dice algo claro: el yoga ha ocupado un lugar central en la espiritualidad india desde hace muchísimo tiempo.

Patañjali y los ocho miembros

Patañjali no inventó nada, pero supo recopilar lo que había y presentarlo con una lógica impecable. Sus Yoga Sutras, 196 frases breves escritas alrededor del siglo II a.C., arrancan con una definición rotunda: yoga es «chitta vritti nirodha», el cese de la agitación mental. Lo que hizo fue tomar elementos sueltos y organizarlos en un itinerario de ocho etapas llamado Ashtanga.

Las etapas son estas: yama (normas de conducta hacia los demás), niyama (disciplinas personales), asana (postura estable), pranayama (gobierno del aliento), pratyahara (repliegue de los sentidos), dharana (fijación de la atención), dhyana (meditación sostenida) y samadhi (absorción total). Lo genial del esquema es que mezcla ética, cuerpo y mente en una sola secuencia progresiva. Su influencia se extiende hasta el yoga contemporáneo.

Imagen
El yoga en el hinduismo: práctica, filosofía y propósito

Yoga y filosofía hindú: una integración profunda

El yoga funciona como método práctico para experimentar las verdades filosóficas del hinduismo. Tomemos el atman y el Brahman: el yo individual y la realidad última. El hinduismo dice que son lo mismo, pero saberlo intelectualmente no basta. El yoga ofrece un camino para vivirlo en carne propia. El dharma se manifiesta en los yamas y niyamas, que establecen una base ética para el desarrollo espiritual.

La noción de karma se trabaja mediante el Karma Yoga, que enseña a actuar sin apego a los resultados. El ciclo de samsara representa el problema del que hay que escapar; moksha, la meta anhelada. Los gunas (cualidades de la naturaleza según el Samkhya) se equilibran a través de la práctica. Los chakras y nadis fundamentan muchas técnicas del Hatha Yoga. Esta integración revela que el yoga no es un conjunto de técnicas aisladas: es un camino espiritual coherente que ofrece métodos para realizar en la experiencia directa los principios metafísicos del hinduismo.

Tipo de yoga en India

La India ha producido variantes del yoga para casi cualquier temperamento. No son caminos excluyentes; más bien se solapan y complementan. ¿Te va más la introspección silenciosa? El Raja Yoga, que viene directamente de Patañjali, te pide que te sientes y observes tu mente hasta aquietarla. ¿Prefieres darle vueltas a las cosas, leer, pensar? Entonces el Jñana Yoga, el camino del conocimiento, te vendrá como anillo al dedo. ¿Eres de los que necesitan hacer, moverse, ocupar las manos? Ahí está el Karma Yoga: trabaja, pero sin obsesionarte con el resultado.

El Bhakti Yoga arrasa desde hace siglos entre los devotos de Vishnu y Krishna. Cantar, bailar, llorar de emoción ante la imagen del dios amado: eso es Bhakti. El Mantra Yoga trabaja con la repetición machacona de sílabas sagradas hasta que algo cambia dentro. Y el Tantra, tan tergiversado fuera de la India, propone algo radical: en lugar de huir del cuerpo y del mundo, sacralízalos. Todo puede ser práctica espiritual, hasta lo más terrenal.

Imagen
El yoga en el hinduismo: práctica, filosofía y propósito

El Hatha Yoga: unión de opuestos

«Ha» significa sol, «tha» significa luna. Juntas forman «hatha»: la reconciliación de los contrarios. Esta rama pone el cuerpo en primer plano, sí, pero como herramienta para ir más lejos. Empezó a difundirse hacia el siglo X d.C. y encontró su codificación clásica en textos medievales.

¿Por qué triunfó tanto el Hatha Yoga, en India y fuera de ella? Por varias razones. Porque notas los efectos enseguida —la espalda duele menos, duermes mejor—, porque cualquiera puede empezar aunque tenga dos manos izquierdas, y porque no hace falta hablar el mismo idioma para imitar una postura. Pero cuidado con quedarse en la superficie: en su versión tradicional hindú, el Hatha nunca fue ejercicio sin más. Busca despertar la energía Kundalini, dormida en la base de la columna, y preparar al cuerpo para estados de conciencia que van bastante más allá del bienestar físico.

Imagen
El yoga en el hinduismo: práctica, filosofía y propósito

Yogas menos conocidos en Occidente

Fuera de la India apenas se conocen modalidades que allí gozan de gran prestigio. El Kriya Yoga, que Paramahansa Yogananda popularizó en Estados Unidos, proviene de linajes tántricos y trabaja con técnicas respiratorias muy precisas. El Kundalini Yoga auténtico —no la versión comercializada— se ocupa minuciosamente de esa energía latente que mencionaba antes.

Hay yogas para gustos muy específicos. El Nada Yoga medita sobre sonidos internos sutiles que solo se perciben en silencio profundo. En el Laya Yoga la idea es ir borrando poco a poco los límites del yo hasta que se confunda con el todo. El Dhyana Yoga se especializa exclusivamente en técnicas meditativas. El Siddha Yoga trabaja con la transmisión energética directa del maestro al discípulo (shaktipat). Existe un Swara Yoga que estudia los ritmos de la respiración nasal y sus correspondencias con estados mentales. El Yoga Nidra, tal como se practica en los linajes tradicionales, no busca relajarte para que duermas mejor: busca que permanezcas despierto mientras tu cuerpo duerme, un estado difícil de describir si no lo has experimentado. Eso sí, casi todas estas modalidades requieren que un maestro te inicie y te guíe de cerca.

Imagen
El yoga en el hinduismo: práctica, filosofía y propósito