El culto evangélico gitano: la Iglesia de Filadelfia y la conversión pentecostal en España

En los últimos años el pueblo gitano en España ha abrazado de forma masiva el culto evangélico pentecostal en sus diversas variantes.
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Practicantes del culto gitano de la Iglesia evangélica de Filadelfia
Fátima Míguez Reig | Dom, 29 Mar 2026 - 11:55
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En menos de cuatro décadas, la mayoría del pueblo gitano español abandonó el catolicismo popular que había profesado durante siglos y abrazó una forma de protestantismo pentecostal con raíces propias. La Iglesia Evangélica de Filadelfia, nombre tomado de un vocablo bíblico que significa «amor fraternal», se convirtió en el eje de esa transformación. Lo que comenzó en la década de 1960 con reuniones domésticas y espacios prestados es hoy una red de congregaciones extendida por todo el territorio nacional, inscrita en el registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia y reconocida como una de las expresiones protestantes con mayor vitalidad dentro del panorama confesional español.

Origen y expansión de la Iglesia de Filadelfia

Los primeros contactos entre gitanos españoles y el evangelismo pentecostal se produjeron a mediados de los años sesenta. Un grupo reducido de familias experimentó lo que ellos mismos describían como una conversión radical, y el mensaje se transmitió por canales que la misión tradicional nunca habría podido reproducir: lazos de parentesco, redes de vecindad, vínculos entre clanes. No hubo una estrategia misionera diseñada desde fuera. Fueron gitanos los que hablaron a otros gitanos, con un lenguaje y unos códigos compartidos.

Durante los años setenta y ochenta, miles de personas de etnia gitana dejaron atrás las prácticas del catolicismo popular —devociones a vírgenes y santos, procesiones, un vínculo lejano con la institución eclesiástica— para abrazar una fe que prometía algo distinto: una relación directa con Dios, sin intermediarios, centrada en la lectura bíblica y la experiencia personal del Espíritu Santo. El crecimiento fue explosivo. ¿Qué lo explica? La respuesta no cabe en un solo factor. El mensaje pentecostal ofrecía soluciones tangibles a problemas muy concretos: drogadicción, marginación, desintegración familiar. Las iglesias creaban espacios de dignidad para personas que llevaban generaciones siendo excluidas. Y el culto, con su carga emocional y participativa, encajaba bien con la expresividad propia de la cultura gitana.

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Practicantes del culto gitano de la Iglesia evangélica de Filadelfia

Catolicismo popular frente a protestantismo pentecostal

La religiosidad tradicional del gitano español era un catolicismo de contornos difusos. Existía devoción hacia determinados santos y vírgenes, participación en fiestas religiosas, pero la relación con la Iglesia como institución resultaba distante, mediada casi siempre por la exclusión social. Los sacramentos se recibían de forma irregular. La doctrina oficial importaba menos que la costumbre heredada.

El pentecostalismo evangélico rompió con todo eso. Fuera la intercesión de los santos. Fuera la autoridad papal. Fuera los rituales sacramentales. En su lugar: conversión personal, cambio de vida, santificación progresiva. La Biblia como única autoridad. Cristo como único mediador. El contraste doctrinal es nítido, pero lo que más peso tuvo en la práctica fue otra cosa: la iglesia evangélica gitana era un espacio genuinamente propio, gobernado por gitanos, donde nadie miraba al recién llegado con desconfianza ni le pedía que dejase de ser quien era.

El culto: estructura, música y predicación

Un servicio religioso en la Iglesia de Filadelfia dura varias horas. No sigue calendario litúrgico. No emplea elementos rituales elaborados. Cada reunión se articula en torno a cuatro o cinco momentos: un periodo extenso de alabanza musical, testimonios de miembros de la congregación, lectura bíblica, sermón del predicador y un tramo final de oración colectiva. La participación es intensa. Hay exclamaciones espontáneas, aplausos, cuerpos que se mueven al ritmo de la música, rostros marcados por una emoción que no busca contenerse.

La música ocupa un lugar que va mucho más allá del preludio. Los tiempos de alabanza se extienden cuarenta y cinco minutos o más, con canciones que mezclan melodías de raíz flamenca con letras de contenido evangélico. Guitarras, palmas, percusión, voces potentes. Para la primera generación de convertidos, entre los que el analfabetismo funcional era frecuente, cantar resultaba un vehículo de devoción accesible y culturalmente auténtico. Esa función no ha perdido fuerza con las generaciones posteriores.

El predicador, por su parte, no necesita titulación teológica formal. Su autoridad brota del testimonio de vida, de la capacidad narrativa, de la conexión visceral con lo que viven quienes lo escuchan. Un buen sermón en una iglesia gitana evangélica combina exposición doctrinal con relato personal, ilustraciones vivenciales y llamadas urgentes a la conversión. Los temas giran en torno a la liberación de adicciones, la restauración de la familia, la esperanza escatológica. No son asuntos abstractos. Son la vida cotidiana de la congregación puesta ante Dios.

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Practicantes del culto gitano de la Iglesia evangélica de Filadelfia

Gitanos y payos en la Iglesia de Filadelfia

Siglos de segregación y discriminación separan al pueblo gitano de la sociedad mayoritaria española. La fe evangélica ha abierto grietas en esa barrera, aunque no la ha derribado. Hay congregaciones mixtas, sobre todo en grandes ciudades, donde creyentes payos comparten el culto con gitanos evangélicos. Pero el liderazgo permanece en manos gitanas, y la integración exige que el visitante payo acepte los códigos del espacio: la extensión del servicio, la intensidad emocional, los ritmos comunitarios propios.

Existen, con todo, experiencias de colaboración. Organizaciones protestantes españolas han facilitado espacios donde líderes gitanos y payos comparten recursos, formación, proyectos de acción social. En ciudades como Barcelona, el ayuntamiento ha reconocido la labor social de congregaciones evangélicas gitanas, sobre todo en programas de desintoxicación y reinserción. No son alianzas que eliminen las desigualdades estructurales. Pero sí muestran que una fe compartida genera puntos de encuentro que en otros contextos serían impensables.

El reconocimiento oficial por parte de la Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia ha dado a la Iglesia de Filadelfia personalidad jurídica, acceso a beneficios fiscales, capacidad para celebrar matrimonios civiles y presencia en espacios de diálogo interreligioso. Muchas congregaciones, con todo, operan con estructuras informales que encajan mal con los requisitos burocráticos. Y dentro de la comunidad gitana evangélica existe cierta cautela ante una institucionalización que pueda comprometer la espontaneidad espiritual que define su identidad religiosa.

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Practicantes del culto gitano de la Iglesia evangélica de Filadelfia

Pentecostalismo y experiencia del Espíritu

La teología pentecostal impregna la vida de estas iglesias. Bautismo del Espíritu Santo como experiencia distinta de la conversión inicial. Dones espirituales: glosolalia, profecía, sanidad. Expectativa permanente de intervención divina directa. Los cultos incluyen manifestaciones que la comunidad interpreta como señales de la presencia del Espíritu: gozo intenso, llanto, temblores, hablar en lenguas desconocidas, relatos de curaciones físicas.

A ojos de quien no comparte esa cosmovisión, tales expresiones resultan difíciles de comprender. Para los gitanos evangélicos son confirmaciones palpables de la realidad de Dios. La doctrina pentecostal presenta el mundo como un campo de batalla entre fuerzas espirituales, y la conversión como una liberación dramática del poder del mal. Ese marco interpretativo ayuda a muchos creyentes a dar sentido a experiencias de marginación, pobreza y sufrimiento que la sociedad mayoritaria no les ha sabido explicar ni resolver.

El evangelista gitano, figura distinta del pastor, se dedica a la predicación itinerante, la fundación de nuevas congregaciones, el acompañamiento de convertidos recientes. Viaja entre comunidades, comparte su testimonio, organiza campañas. Lo determinante aquí es que el evangelismo gitano es endógeno. Son gitanos quienes evangelizan a gitanos, en sus propios códigos culturales. Esa característica explica en buena medida la velocidad y la profundidad de la expansión pentecostal entre el pueblo gitano español.

Impacto social de la conversión

La reducción del consumo de drogas y alcohol entre los convertidos es el cambio más documentado. Las iglesias funcionan como centros de rehabilitación informales, donde personas con adicciones severas encuentran aceptación, acompañamiento y un sentido de propósito que otros programas no les ofrecían. Los efectos sobre la estabilidad familiar son directos.

También se observan cambios en la estructura de género. La Iglesia de Filadelfia mantiene roles bastante tradicionales, pero promueve una masculinidad que valora la responsabilidad, la fidelidad conyugal, el rechazo de la violencia. Las mujeres gitanas evangélicas describen mejoras en su vida familiar, aunque el acceso al liderazgo eclesial sigue siendo terreno de debate.

En materia educativa, un número creciente de familias evangélicas gitanas valora la escolarización de sus hijos como medio de desarrollo personal y testimonio cristiano. El cambio es gradual y desigual según las regiones, pero la tendencia existe y se acentúa con cada generación.

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Identidad étnica y pertenencia religiosa

Cabría esperar que la adopción de una religión de origen foráneo diluyese la identidad gitana. Ha ocurrido lo contrario. La Iglesia de Filadelfia se ha convertido en un espacio de afirmación de la gitanidad, donde la música, la expresividad emocional, los códigos de honor familiar y los patrones relacionales propios del mundo gitano no se reprimen en nombre de una supuesta cultura cristiana universal. Se reinterpretan. Se incorporan al culto.

Para muchos jóvenes gitanos, la iglesia evangélica es el lugar donde pueden ser gitanos sin disculparse y aspirar a la transformación personal sin renunciar a sus raíces. La síntesis entre identidad étnica y fe pentecostal ha dado lugar a lo que los sociólogos describen como una nueva forma de ser gitano en la España contemporánea. Esto desmiente la idea de que la conversión religiosa implica necesariamente aculturación o pérdida de identidad.

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Practicantes del culto gitano de la Iglesia evangélica de Filadelfia

Retos del movimiento

Ya hay una segunda y tercera generación de creyentes nacidos en familias evangélicas. El arraigo generacional confirma que no se trata de un fenómeno pasajero. Pero la transición plantea preguntas difíciles. ¿Cómo mantener la intensidad espiritual que caracterizó a los convertidos de primera hora, que pasaron de la drogadicción al púlpito, cuando las nuevas generaciones crecen en contextos más estables? ¿Qué tipo de formación teológica necesitan los líderes jóvenes sin que esa preparación académica ahogue la espontaneidad que define al culto gitano?

La cuestión de la relación con la sociedad paya tampoco tiene una respuesta clara. Algunas voces dentro del movimiento apuestan por una mayor integración con el protestantismo español en su conjunto. Otras temen que esa apertura diluya lo que la Iglesia de Filadelfia tiene de específicamente gitano. Lo que nadie discute es que el culto evangélico gitano ha dejado una marca profunda en el mapa religioso de la España actual, y que su capacidad de transformar vidas concretas le confiere una legitimidad que ningún registro administrativo podría otorgar por sí solo.